UN DURO CAMINO


El presente relato es un trabajo hecho en colaboración entre Beatriz Barragán y Menchi Arbego. Espero que os guste esta historia de vida.

FUERTE-UN DURO CAMINODurante los últimos días se sentía un poco agobiado, aunque bien, aquel espacio se le estaba quedando pequeño y había estado pensando que estaría bien salir un poco de aquel húmedo ambiente.

Llevaba varios meses allí recluido y había tenido mucho tiempo de pensar, aunque también se dedicó a escuchar, se empapó bien de todo lo que acontecía a su alrededor y cada vez tenía más ganas de conocer a aquellas personas a las que había estado escuchando todo aquél tiempo. Las voces y sonidos, las músicas y los silencios, sobre todo durante las horas de la noche en que el ambiente era tranquilo y él se relajaba y aprovechaba también para descansar.

Estaba un poco angustiado porque no tenía ni idea de qué era lo que se podría encontrar al abandonar aquel espacio, que, después de todo, era bastante confortable para él. Aún no había aprendido el lenguaje de aquellos que le rodeaban, pero sí comprendía, por el tono de voz si estaban de buenas o si había algo que alteraba su humor. Además sentía un sonido acompasado y continuo que le hacía de ambiente y le relajaba, haciéndole más agradable el paso de las horas. También aquél sonido se sentía durante las horas en que los demás sonidos se detenían.

Las paredes le impedían ver lo que había fuera de su particular estancia, en la que la temperatura ambiente se mantenía constante y agradable, por lo que no necesitaba usar ninguna clase de abrigo.

Había dedicado aquellos meses para crecer personalmente y su estado de ánimo era bastante relajado y tranquilo, no se imaginaba la cantidad de nuevas emociones y conocimientos le esperaban cuando abandonara aquel estado en el que se encontraba y que no era alterado por casi nada hasta aquél momento, salvo por una estupenda música que escuchaba cada noche antes del momento del descanso.

Lo desconocido no forma parte de sus pensamientos, pues ignora qué sucederá cuando abandone su estancia, pero ya se siente impaciente.
Esta mañana ha decidido que ya es el momento de salir al encuentro de su nueva vida y lo intenta, poniendo todo de su parte se prepara para ese momento mágico en que descubrirá qué le espera fuera de esas paredes que le han acompañado tanto tiempo.
Su impaciencia aumenta por momentos, ya no puede esperar más y empujado por una energía desconocida para él hasta este momento recorre el pasillo hasta la salida, donde atisba una fuerte luz que proviene del otro lado.

Una luz que, cuanto más se acerca, más parece alejarse. Da vueltas a su cabeza sin parar planeando hasta el último detalle del grandioso viaje que emprende ilusionado, pensando que estará lleno de emociones increíbles. Lleva tiempo escuchando a sus padres hablar de su futuro, seguros de su éxito.

No tiene aún demasiada experiencia, sólo la avalada por el tiempo transcurrido desde que la vida lo premia, sobre todo con percepciones que, sin ser propiamente suyas, las considera, porque las ha recibido de su núcleo familiar, donde padre y madre son figuras fundamentales.

¡Parece mentira lo rápido que pasa el tiempo, ayer era nada, y hoy soy todo un tío hecho y derecho!, decía, replicando lo que escuchaba de boca de su madre todos los días. Mientras, una especie de terremoto, que se dejaba sentir desde el día anterior cada vez con más fuerza y frecuencia, decidió parar un rato y, cansado de la postura, se da vuelta. Un rato a la derecha; otro rato al frente; luego a la izquierda; atrás… Vive el instante, es lo que toca, avanzar, ¡palante! No siente que acaba su vida, pero sí el período de claustro mantenido durante un tiempo que ya pesa mucho sobre sí.

Cierra los ojos. Su madre, con suaves caricias y dulces palabras, lo anima a no mirar atrás ni para coger resuello. Le recuerda que ella y su padre están ahí, apoyándolo, luchando con y por él, mano a mano, alma con alma. Se relaja y queda sintiendo cobijo y calor en cuerpo alma.

Al rato, fuertes sacudidas llegan del exterior dejándose notar claramente, como avisándole que debe abandonar el domicilio antes que las circunstancias se vuelvan desfavorables. Siente una irresistible y poderosa fuerza que lo empuja a continuar sin tardanza, y aprovecha la inercia. Gira en cada curva avanzando en el duro camino que le está resultando y que parece no tener fin, aunque sigue la luz indicando lo que parece ser la meta.

El camino continúa resultando aburrido, tedioso y algo tétrico por la oscuridad reinante. Hay que transitarlo muy despacito porque, aunque está claramente señalizado, es tan estrecho que prácticamente permite el paso ajustado a un solo cuerpo. De superficie aparentemente blanda, presenta tramos muy duros, por lo que su tránsito se hace muy doloroso.

Agotado por las horas que lleva trabajando incansablemente, aprovecha una nueva racha de calma para volver a llenarse de energía y disfruta del sueño.

Escasos minutos más tarde, nuevo sobresalto. Fuerzas externas lo sacan del sueño reparador, insistiendo en la necesidad de continuar avanzando sin prisas, pero con las pausas justas. Siente como si la naturaleza quisiera aniquilarlo. Lo empuja, lo oprime e, incluso por momentos, lo deja sin aire, parece que se le va enteramente la vida. Menos mal, que le deja escasos minutos para reponerse; por cierto, cada vez más escasos.

Empieza a plantearse si el cambio de vida merece realmente la pena. Le está resultado demasiado largo y más duro de lo que imaginó el recorrido. Continúa sin detenerse, solo por no seguir escuchando las repetitivas palabras de su madre insistiendo en que no se rinda, que lo están esperando hace rato.

– ¡Ohhhhh, ¿queda mucho?, ¡no aguanto más..!.Se escucha con voz de mujer

– Alguien debe estar pasando lo mismo que yo, supuso él temeroso, cegado por la luz resplandeciente que apunta a sus ojos.

La misma voz, nítidamente ahora, vuelve a dejarse oír desde lo que definitivamente es el final y el principio del camino de una misma vida.

– ¿Ya; de verdad no me engañan; está llegando; lo ven…? ¡Ohhh, Dios mío, por fin! ¡que Dios te bendiga, bienvenido! ¡Te queremos, cuánto hemos soñado este momento!…!

El canal del parto, desde el nido uterino que lo albergó durante 9 meses, hasta aquí, es historia. El bebé, pega su boca al pecho, fuente de alimento de cuerpo y alma, que amorosamente le ofrece su madre, acompañado de susurros, caricias y besos envueltos de padre.

Beatriz Barragán ©  y Menchi Arbego ©

Octubre 2014.

CREATIVE COMMONS

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7 pensamientos en “UN DURO CAMINO

  1. Reblogueó esto en Beatriz Escribey comentado:

    Traigo de nuevo esta entrada en la que colaboré con mi querida Menchi Arbego, ya que parece que en su momento no tuvo tanta repercusión, para que tengáis oportunidad de releerlo y dejar vuestros comentarios. Un abrazo a todos y buen fin de semana.

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