CAPÍTULO V. ROSAS Y ESPINAS


ROSAS Y ESPINAS

Hasta ahora os he contado, cierto que muy a grandes rasgos,solo con algún pequeño detalle, los siete primeros meses de nuestra relación. Cualquiera podría pensar que todo fueron rosas, que en lo personal lo fueron, pero también hubo espinas,

como os expliqué en el capítulo anterior, por el tema laboral , de salud y otros como la convivencia con mi hija que se hizo bastante difícil al principio. Por otra parte estaban los hijos de Mario, ya más mayores y que en el momento de conocernos ya no convivían con él.

Si recuerdo que , cuando mi vecina de tienda me habló de él y lo buena persona que era , me comentó que su ex-mujer también tenía una relación estable con otro hombre , casi desde el momento en que se separaron Mario y ella , pero que sus hijos no lo aceptaban, no a el hombre en sí, sino el hecho de que su madre tuviera otra relación, principalmente su hija menor, que aún convivía con ella, aun cuando ellos no vivían juntos..

La primera semana en que salimos juntos, recuerdo que Mario me había contado que salía a correr con su hija de 23 años y yo le dije que me gustaría ir con ellos y así sería una buena forma de conocerla y así lo hicimos. Al día siguiente Mario me comentó que su hija le había dicho que yo le parecía muy joven para él y poco más. El caso es que fué el primer y último día que compartimos carrera.

Con otro de sus hijos, el mediano, que por entonces debía tener sobre 28 años, nos encontramos un día aproximadamente al mes de conocernos, en un bar en el que habían quedado unos amigos de Mario para cantar. Cuando nos presentó, me saludó un tanto distante, yo intenté cruzar algunas palabras con él , pero no dió pie en toda la velada. Después de eso, solamente le he vuelto a ver otro día que coincidimos con unos amigos tomando una copa una noche ese mismo verano y el día que le hicieron a Mario la biopsia en el hospital y hasta hoy.

Al mayor, que no vive en España , ni siquiera le conocí hasta hace unos meses que pasó por Gandia por viaje de trabajo y estuvimos juntos escasamente diez minutos tomando un café. Anteriormente han pasado dos Navidades en que todos se juntan en Gandia , en casa de su madre, pero en ninguna ocasión han querido conocerme. Yo incluso , las primeras navidades le dije a Mario que podríamos invitarlos a mi casa a comer o tomar un café para juntarnos todos, pero jamás accedieron.

Personalmente es algo que no me afecta en absoluto, porque, ya que eso es lo que hay, egoístamente pienso que es una forma de que las cosas sean más sencillas entre nosotros, pero me da mucha pena por Mario, pues creo que es una lástima que , por una visión totalmente sesgada y retrógrada de la vida, estos hijos le están haciendo mucho daño a sus padres, principalmente a su padre, al no admitir que su vida ha cambiado y que ahora es feliz junto a mi.

Sobre todo, porque si no fuera por la actitud que han tomado frente a la relación de su padre y a su padre mismo, esto no tendría que afectar a su relación con ellos, en absoluto, pero es como si le hubieran apartado de sus vidas a raíz de nuestra relación.

Podría entrar en detalles al respecto de esta “extraña situación”, por calificarlo de algún modo, pero es algo que afortunadamente no ha afectado más allá a nuestra relación durante estos años que hemos vivido nuestra vida juntos. Una vez al mes aproximadamente, Mario quedaba con su hija par charlar, tomar un café, pero nunca ha aceptado venir a casa a comer con nosotros o tomar algo juntos si accidentalmente nos hemos encontrado por la calle.

Si os preguntáis por nuestros primeros días , semanas de convivencia, la verdad, que ajustando poco a poco , actitudes, formas de hacer y ver las cosas, no hubo ningún roce significativo entre nosotros o con los niños. El hecho de que Mario ya había criado a sus hijos, lo hizo todo un poco más fácil, porque ya había pasado por lo mismo, con lo que la experiencia y su forma de ser , muy chiquillero, nos ayudó mucho en esta etapa, sobre todo a mí, que desde el primer momento en que hemos convivido juntos me ha ayudado muchísimo con la educación de mis hijos. Mario es un espíritu libre y amable y de convicciones firmes y tiene una muy buena forma de tratar las cosas con ellos. Con cariño pero con firmeza , siempre consigue llevar las cosas por donde sea más fácil que ellos comprendan las situaciones y sobre todo me pone a mí siempre por delante y siempre les ha pedido que me traten con cariño y con respeto, cosa que además predica con el ejemplo.

Para mí resultaba como un empuje hacia una especie de “independencia” de mis hijos y os lo explico. Como ya os había dicho el hecho de llevar tantos años sola con ellos, a ellos les hace pensar, (como a casi todos los hijos por otra parte) que somos una especie de propiedad que tenemos que estar a su disposición para todo y en cualquier momento. Así , al convivir Mario con nosotros y ocupar parte de mi atención , esto supuso esa especie de liberación, en tanto en cuanto ellos aprendieron a que no era exclusividad de ellos, sino que ahora me tenían que “compartir”.

Entre otras cosas, aquello provocaba unas escenas que a mi me encantaban, como yo tirada en el sofá con Mario y alguno de mis hijos por otro lado, abrazada entre ambos…, escenas de una familia “normal” , por otra parte, que contrastan bastante con lo que mis hijos han vivido en la relación de sus padres.

Afortunadamente, ahora, se han acostumbrado a tener una familia con armonía y felicidad, por encima de cualquier otro problema. Compartimos, disfrutamos, reímos y estamos bien juntos. Eso es muy importante para mí, que ellos vean una convivencia “normal” y en la cual su madre juega un papel importante y respetado por su pareja y sobre todo que vean que Mario me quiere , respeta y me hace feliz , felicidad que por extensión se traslada a ellos y repercute positivamente en su desarrollo personal y en todas sus actividades, incluso en su rendimiento escolar.

Décima alusiva al desencuentro con la hija de Mario.

Por primer día podía
ocultar su indiferencia
aguantando con paciencia
aunque volver no quería.
A verla no volvería
aun queríendo conocerla,
no podía comprenderla.
Tanto rechazo y reparo
yo que con nada me azaro,
no me es posible entenderla.

Beatriz Barragán. © 10-04-2014.

CREATIVE COMMONS

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