CAPITULO IV. LA FAMILIA


Después de más de 3 meses desde que cerré la tienda y trabajé una temporada de tres meses como dependienta en una gran tienda, Mario seguía sin trabajo

y estaba bastante desesperado. No paraba de hacer contactos con todo aquél que podía y tenía una mínima posibilidad de facilitarle algún trabajo, pero nada, no había frutos. Realmente trabajó durante unos cuantos meses, pero … trabajos duros, mal remunerados y sin derechos…, el pan nuestro de cada día.

Hacia finales de 2011 tuvimos un buen susto, unos controles de salud , por pérdida de peso y otras cosas, llevaron a la conclusión que había ciertos indicadores cancerígenos, que nos dieron un buen susto. Afortunadamente para todos, sobre todo para Mario, la cosa quedó en eso, un disgusto, pero pasamos varios meses de pruebas, consultas, biopsias…, un mal trago, que vino a fortalecer aún más nuestra reciente relación.

Ahí me dí cuenta que empezábamos a formar “una familia”. Nunca podré olvidar aquellos días en los que esperábamos resultados a pruebas, deseando que fueran confirmación de que nada grave había realmente. Un día mi hijo Antonio, que, como ya dije, mantenía una especial relación afectiva con Mario desde el principio, me preguntó angustiado:

– Mamá ¿ Qué le pasa a Mario? ¿Por que le hacen tantas pruebas?

Y yo le contesté, porque, – ¿para qué iba a ocultarle algo que podría resultar? – si tarde o temprano tendría que saberlo.

– Han descubierto en unos análisis, que hay una posibilidad de que tenga un cáncer. Pero de momento hay que esperar, no vamos a preocuparnos más de la cuenta, hasta que no sepamos nada definitivo, le dije, quitándole importancia.

FAMILIA

Nunca me olvidaré la cara que me puso…, de pavor, de pena, de miedo… estaba realmente afectado y preocupado. Por fin, el día que íbamos a saber los resultados definitivos de la biopsia, que, como todas estas pruebas que nos tienen en vilo, suelen tardar bastante, cuando volví a casa y en la misma puerta me preguntó:

-Mamá ¿Que le han dicho?, ¿ tiene algo?, ¿está bien?.

Y cuando le dije que no, que todo estaba bien , se me abrazó y emocionado se echó a llorar y por fin descargó la tensión de los días, semanas de espera por una respuesta, demostrando así su afecto hacia Mario.

Aquello fue para mí una señal, una “alegría” , de ver como mis hijos querían a Mario, de como realmente mi apreciación de que empezábamos a formar “una familia” era cierta, era sólida, porque no sólo yo le quería, sino que también ellos le sentían como uno de nosotros, como de su familia. En aquellos momentos Mario aún no vivía con nosotros, aunque sí compartíamos muchas horas, muchos días juntos.

Aquél día era un día muy feliz para mi y para Mario. Por fin, después de tanta incertidumbre en el aspecto laboral , al que se habían añadido los problemas de salud, Mario empezaba a trabajar, el 20 de Febrero de 2012. Yo había terminado en mi trabajo temporal sólo dos días antes. Al menos uno de los dos tenía trabajo. Todo iba “bien”, afortunadamente, se habían disipado las dudas iniciales al respecto del estado de salud de Mario, aunque aún quedarían por delante unos meses más de pruebas y más pruebas, para descartar cualquier otra posibilidad.

El trabajo de Mario estaba, casualmente en la manzana siguiente a donde yo vivía, por lo que se decidió a dejar el apartamento donde estaba para trasladarse a mi casa, así reduciríamos gastos y además , visto que hasta ahora las cosas funcionaban bien entre los dos y con mis hijos, todas las circunstancias confluían para dar el paso hacia la convivencia. El primer día que empezó a trabajar fué el primero de nuestra convivencia definitiva. Nuestra vida cambió, ya que ahora si que era compartir absolutamente todo y , la verdad, fue mejor de lo que podíamos pensar. Claro, pensaréis que con lo bonito que ha resultado ser todo entre nosotros hasta ahora no debería de haber dudas, pero si, las había, porque además de mis hijos varones, con los que todo marchaba de maravilla, estaba también mi hija mayor, una adolescente, por entonces de 17 años y que , desde el primer momento no miraba muy bien a Mario, o mejor dicho, no a Mario, sino tal vez el hecho de que yo le tuviera de apoyo y que le amara. Básicamente pienso que era un problema de celos. El caso es que ella no le aceptaba bien al principio y no fué nada fácil, sobre todo para él , que estaba en una posición muy incómoda.

Aún así eligió vivir con nosotros. Para mi fue una sensación reconfortante tener una figura masculina cerca para apoyarme en todo lo referente a la gestión de la casa y principalmente, como apoyo con mis hijos, aparte, por supuesto de la parte personal , como pareja sentimental era algo que me resultaba maravilloso contar con él como un miembro “permanente” de mi vida diaria, ahora, en el más estricto sentido de la palabra.

A tener en cuenta que yo, divorciada desde el año 2005, es la primera y única vez que he convivido con alguien en casa con mis hijos, con lo cual ellos estaban acostumbrados a “tenerme en exclusiva”. Yo estaba ya habituada a estar sola con ellos y ocuparme de “todo” y Mario también estaba acostumbrado a vivir solo. Así que por mucho amor y buen entendimiento que hubiese entre nosotros, hay que reconocer que la nueva situación no era sencilla para ninguna de las “partes”.

Cuando hablo de tenerme en exclusiva me refiero a , lo que las madres ya sabéis, estar ahí para todo, llevarles al colegio, médico, actividades extraescolares, etc…dormir conmigo por turnos, por lo que siempre había conflictos… todos querían siempre ser ellos, pues así ha sido desde que me divorcié. Al principio, que eran pequeñitos, incluso llegamos a dormir los 4 juntos, pero aún hoy, que Mario está en Argentina, se siguen peleando por quien duerme conmigo cada día.

Así que os voy a contar algo que me resultó muy gracioso, por la belleza de la inocencia que mi hijo Javier demostró en aquél momento. Fué el día en que yo les dije que Mario se venía a vivir con nosotros. Justo ese día Javier, de once años, dormía conmigo y yo estaba explicándole que Mario viviría con nosotros porque iba a trabajar cerca y además nos queríamos y estábamos bien juntos y a él le parecía bien, pero , solamente encontraba un problema.

Me dijo:

– Mamá ¿Mario donde va a dormir?

Y yo le dije, ¿donde te parece a ti que duerma?

-¡Pues en el sofá!

No hijo,le respondí, sin poder evitar reírme, dormirá aquí conmigo en la habitación.

– Y Javier exclamó

¡¿Si?! ¡¿Desde el primer día?!

Beatriz Barragán © 5.03.2014

CREATIVE COMMONS

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