CAPÍTULO I .TODO EMPEZÓ


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Todo empezó aquella tarde de sábado del mes de Junio, allá por el 2011. Por el Pasaje Lombard, donde estaba ubicada mi tienda de artículos de segunda mano, no pasaba nada interesante, poco movimiento, sábado por la tarde de Junio, la gente ya estaba por la playa y allí en el centro no había prácticamente movimiento.

Como siempre unos cuantos vecinos de la zona, tomaban su café o cerveza en el bar del Pasaje y mi vecina de la tienda de al lado y yo charlábamos de trivialidades en la puerta de nuestros negocios.

Me acerqué hasta el bar para traer un refresco y tomarlo mientras charlábamos .Como siempre alguno de los que estaban allí me dijo algo…, así como “¡estoy enamorado! ¿cuando vas a salir conimgo? “ y yo, sonriendo , pensaba para mis adentros, ¡como sea esta la oferta masculina que me espera…! no vuelvo a conocer varón…

Volví a la puerta de mi tienda, donde continué charlando con mi vecina de comercio, los negocios flojos , como siempre, nuestros hijos, y como tema habitual , los hombres. Comentábamos casi siempre sobre lo difícil que es ya a nuestras edades , pues ambas pasamos de los 40, encontrar un hombre que “cumpla” los requisitos necesarios para atraernos y tener alguna opción de ser nuestra pareja. Realmente parece que en esta vida loca que nos envuelve, los hombres y mujeres de esas edades no estén dispuestos a creer de nuevo en el amor y se limitan a pasar como borregos por el aro del tonteo de las copas en un bar o el buscar una aventura a través de las redes sociales.

En dicha tesitura, animadas ambas con la conversación, apareció un señor pulcramente vestido con un vaquero y camisa blanca, canas en las sienes, barba blanca y pelo negro, buen porte, tez morena y se acercó a saludar a mi compañera de cháchara. Su aspecto me impactó agradablemente y más me agradó aún cuando le escuché hablar. Su voz agradable , con el canto del acento argentino, pero lo sentía diferente, más suave, más grato. Ella nos presentó y él me saludó amable ¿como estás? y nos dimos dos besos. Los tres charlábamos en la puerta de la tienda vecina, bueno, más bien ellos, pues eran amigos de años atrás, desde que llegaron a España, pues mi compañera de tienda también era argentina. En aquel momento , alguien entró en la tienda y ella fué a atender a los clientes.

Quedamos los dos solos, sentía que me miraba con una mirada tan cálida como si estuviera leyendo en mi pensamiento que me agradaba y charlamos animadamente durante unos diez minutos. Me acuerdo perfectamente que hablábamos del tabaco, pues  ambas fumábamos en la puerta. El me contó que hacía unos casi 30 años que había dejado de fumar por su hijo asmático y yo que era mi caballo de batalla y que deseaba dejar de fumar hace años, pero no tenía la fuerza de voluntad para hacerlo.Hablamos también sobre hacer deporte, sobre lo flojos que estaban los negocios. Era educado y caballeroso, simpático y atractivo, pero serio. . Enseguida me dijo su edad, tal vez al respecto de los años que hacía que había dejado de fumar y de la edad de su hijo y enseguida me soltó con una sonrisa, pero vos sos muy joven y estás bien, deja de fumar que te sentirás mejor.

Me di cuenta que le gusté y no se si él también que me gustaba a mi,  pero ,¿sabéis esa sensación de querer seguir hablando todo el tiempo del mundo y a la vez dejar de hacerlo porque sientes que se nota que te gusta la persona con la que hablas?. Entonces dije: bueno, tengo que volver a la tienda, ¿si quieres venir? y me dí la vuelta y caminé los 10 metros que me separaban de la puerta de la tienda con el corazón a cien.

Al rato, después de saludar y despedirse de mi compañera de la tienda de al lado, pasó por mi tienda y estuvo mirando y diciéndome lo bonita que estaba montada y  en un par de minutos me saludó y se despidió hasta otro día. Salí corriendo a hablar con mi vecina. ¡Así me gustan a mi los hombres!. ¿Pero donde estaba este amigo tuyo que no ha venido antes a verte? .

Le pregunté y ella me contestó sobre las cosas que quería saber de él, siempre discreta, pero me aclaró que era una buena persona y que , si, en efecto era encantador,que le gustaba jugar con los niños y cantar, entre algunas otras cosas.  ¡Así que te gusta! , ya se lo voy a decir yo , me dijo mi vecina. ¡No , no, no le digas nada! a ver si vuelve otro día y podemos volver a hablar. Pasaban los días y nada, Mario no volvía. Un día pasó de lejos cuando estábamos las dos en la puerta como siempre y saludó con la mano desde la entrada del Pasaje, pero pasó de largo.

Los siguientes días me sorprendí en varias ocasiones pensando en él y deseando realmente que volviera a visitarme, hasta que un sábado por la mañana, quince días después de conocernos, apareció. Estaba yo en la tienda, cuando mi vecina se acerca a la puerta, cosa que no hacía habitualmente, y me preguntaba por algún artículo que yo tenía expuesto fuera de la tienda y yo no entendía nada…, hasta que se acercó y metiendo la cabeza dentro de la tienda y con los ojos abiertos como platos pero en voz muy baja, susurrando, me dijo:¡ Está Mario ahí fuera! El corazón me empezó a latir con fuerza y sentí como un calor repentino se apoderó de mis mejillas. Respiré hondo y conté en voz baja una cuenta atrás , diez, nueve, ocho, siete, …. y salí a la puerta con un cigarrillo en la mano, como si ese fuera el objeto de la salida, el hecho de fumar.

Y allí estaban los dos, me acerqué, haciéndome la sorprendida al verle, y él me saludó con una agradable sonrisa. Entonces fumé mi cigarrillo y mientras charlamos, comentando que había dicho que volvería a saludarnos y que había tardado quince días. El se disculpó diciendo que estaba ocupado haciendo cosas y estuvimos charlando un rato los tres, hasta que alguien entró en mi tienda y tuve que irme. Al momento entró él , mirando alrededor mientras había alguien en la tienda y más tarde, cuando estuvimos solos, me preguntó que hacía esa noche y si me gustaría ir a un concierto que cantaba y a una cena. Y ahora ya sabéis que , por supuesto , acepté y fui.

Beatriz Barragán.© 10.02.2014

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